sábado, 29 de agosto de 2026

80.º CUMPLEAÑOS DE LA REINA ANA MARÍA DE GRECIA . Biografía de una princesa danesa que se convirtió en reina de los helenos

 


La reina Ana María de Grecia, nacida princesa de Dinamarca, cumple 80 años el 30 de agosto de 2026. Nacida en el Palacio de Amalienborg, en Copenhague, en 1946, es la hija menor del rey Federico IX de Dinamarca y de la reina Ingrid, princesa de Suecia.


Hermana de la reina Margarita II y de la princesa Benedicta, Ana María pertenece a una de las familias reales europeas más estrechamente relacionadas. Su matrimonio con el rey Constantino II de Grecia la convirtió, con apenas 18 años, en reina de los helenos.

Su vida ha estado marcada por el exilio, la maternidad, el servicio a su familia, el compromiso humanitario y, sobre todo, por su permanente vínculo con Grecia, país al que siempre ha considerado su hogar.




Una infancia en la familia real danesa


Ana María nació el 30 de agosto de 1946 en el Palacio de Amalienborg. Fue bautizada el 10 de octubre de ese mismo año en la iglesia de Holmens y recibió una educación propia de una princesa de la época.

Pasó buena parte de su infancia entre las residencias reales danesas de Amalienborg, Fredensborg y Gråsten. Como hija menor de Federico IX e Ingrid, sus obligaciones oficiales fueron inicialmente más reducidas que las de su hermana mayor, Margarita, destinada a convertirse en heredera del trono.



Creció, además, muy unida a sus dos hermanas. Las tres mantuvieron a lo largo de sus vidas una relación especialmente estrecha.

Su educación se desarrolló en Dinamarca y en distintos centros educativos del extranjero. Entre las instituciones en las que estudió estuvieron la escuela Zahle y varios internados suizos, donde perfeccionó idiomas. Además del danés, aprendió inglés y francés y, posteriormente, dedicó grandes esfuerzos al aprendizaje del griego.

La historia y la música estuvieron entre sus grandes aficiones. De su padre, el rey Federico IX, heredó el amor por la música clásica; de su madre, Ingrid, el interés por el ballet. También ha sido siempre una gran lectora, especialmente de biografías y de historia.




Un hecho relevante de su infancia, contado por su hermana la Reina margarita II con motivo de sus 50 años de reinado, referente a su hermana. 


A la edad de dos años, fue víctima de un accidente de tráfico, su madre conducía el coche, se despisto y choco contra un árbol, las consecuencias, fueron que su hija Ana María se rompió la barbilla, según Margarita durante la infancia su hermana, tuvo un defecto facial, ésto es una parálisis, que hacia que tuviera siempre que posar del mismo perfil, algo que se resolvió a medida que fue creciendo, convirtiéndose en la más guapa de las hermanas


El comienzo de una historia de amor



En 1961, el príncipe heredero Constantino de Grecia se encontraba en Atenas cuando cayó en sus manos una revista de sociedad cuya portada estaba protagonizada por una joven princesa danesa. Era Ana María, la hija menor de los reyes Federico IX e Ingrid de Dinamarca.




En poco tiempo, la princesa había dejado atrás su aspecto infantil. Había crecido notablemente y se había convertido en una joven de gran estatura, cabello rubio y unos llamativos ojos verde claro. La prensa escandinava comenzaba a dedicarle una especial atención y algunos medios llegaron a presentarla como una auténtica «princesa de cuento».

Constantino quedó impresionado al verla en aquella portada. Según recordaría años después, quedó prendado de la fotografía y llegó a comentar a su padre, el rey Pablo I, que quería conocer a aquella princesa.


La reacción del monarca fue de sorpresa. Al parecer, no podía comprender que su hijo hubiera decidido que quería conocer a una muchacha simplemente después de verla en una revista. Su respuesta, según recordaría posteriormente Constantino, fue tajante: «¡Estás loco!».

Pero la advertencia de su padre no hizo cambiar de opinión al príncipe. Constantino quería conocer a Ana María y decidió buscar la manera de encontrarse con ella.



Una visita con una excusa


La oportunidad surgió gracias a su pasión por la vela. Constantino había formado parte del equipo griego que consiguió la medalla de oro en la clase Dragón en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960 y mantenía buenas relaciones con varios regatistas daneses.


Con aquella excusa, ideó una visita a Dinamarca. Le comunicó al rey Federico IX que tenía previsto reunirse con varios regatistas, entre ellos el danés Paul Elvstrøm, para tratar asuntos relacionados con la vela y preparar una futura conferencia.


El rey Federico lo invitó a alojarse en el Palacio de Amalienborg.


Constantino también contó con la complicidad de sus compañeros de equipo Georgios Zaimis y Odysseus Eskidioglou. Si alguien preguntaba por aquella supuesta reunión de trabajo, ellos debían confirmar la historia.


La verdadera razón del viaje era mucho más sencilla: Constantino quería volver a ver a Ana María.


La joven princesa, sin embargo, desconocía por completo las intenciones de su visitante.

Años después, en una entrevista concedida al medio danés Billed Bladet, Ana María recordaría aquel primer encuentro con mucha naturalidad. Explicó que, aunque se encontró con Constantino, por su parte todavía no existían sentimientos románticos.

«Recuerdo que me encontré con él, pero no había por mi parte sentimientos o algo similar», explicó.


Para Constantino, en cambio, aquel encuentro tuvo un significado muy diferente. Él ya tenía claro que Ana María era la mujer que quería conocer y, después de aquella primera reunión, comenzaron una relación que inicialmente se desarrolló a través de cartas y llamadas telefónicas, sin importancia según Ana María, lo veía como primo.


De las cartas al enamoramiento


Durante los meses siguientes, la relación fue creciendo poco a poco.

Constantino estaba cada vez más interesado en la joven princesa, mientras que Ana María comenzó a descubrir que detrás del príncipe heredero había algo más que un simple amigo de la familia.


El siguiente gran encuentro tendría lugar en 1962,  Atenas, durante las celebraciones de la boda de la hermana mayor de Constantino, la princesa Sofía de Grecia y Dinamarca, con el entonces príncipe Juan Carlos de España.




El 14 de mayo de 1962, Sofía y Juan Carlos contrajeron matrimonio en Atenas en dos ceremonias, una católica y otra ortodoxa. Ana María había sido elegida como una de las damas de honor, junto a su hermana, la princesa Benedicta.



Aquellos días cambiaron la relación entre los dos jóvenes.


Ana María, que hasta entonces había considerado las cartas de Constantino como un inocente tonteo, comenzó a sentir una verdadera atracción por él. En la entrevista concedida décadas después a Billed Bladet, reconoció que fue precisamente durante aquellas celebraciones cuando sus sentimientos cambiaron.


Tenía entonces 15 años.


Constantino y Ana María estuvieron juntos durante buena parte de los actos y las celebraciones. Para el joven príncipe, la relación ya era mucho más que una amistad. Para Ana María comenzaba a convertirse también en algo serio.




Un compromiso secreto en Noruega


Durante el verano de 1962, Constantino viajó a Noruega con motivo de una competición internacional de vela. Allí tuvo lugar uno de los momentos más importantes de su historia de amor.




Según relató posteriormente el propio Constantino, durante una celebración organizada cerca de un bosque, ambos decidieron alejarse unos momentos del resto de los invitados y caminaron juntos. Su amigo el Príncipe Harald, fue quién le ayudo a preparar éste encuentro. 


Fue entonces cuando el príncipe le pidió a Ana María que se casara con él.


La propuesta fue completamente improvisada. Constantino recordaría incluso, con humor, que ni siquiera llevaba un anillo de compromiso. En lugar de una proposición tradicional, comenzó a hablarle de su futuro juntos y de todo lo que encontraría cuando fuera a vivir a Grecia.

Ana María dijo que sí.


Pero había un problema: ambos eran todavía muy jóvenes. Ella apenas tenía 15 años y sabían que sus padres debían conocer la noticia antes de que el compromiso se hiciera público.

Por eso decidieron mantenerlo en secreto.




Durante un tiempo, su noviazgo y su compromiso pertenecieron únicamente a ellos y a su círculo más íntimo. Constantino viajaba siempre que podía para verla y la relación continuó creciendo mientras Ana María proseguía con sus estudios.


Habían comenzado como dos jóvenes pertenecientes a familias reales que apenas se conocían. En poco más de un año, sin embargo, habían pasado de una fotografía en una revista a una historia de amor que terminaría conduciéndolos al altar.


Todavía no podían imaginar que, apenas dos años después, aquella joven princesa danesa se convertiría en reina de Grecia


EL COMPROMISO PUBLICO:


En 1962, ya comprometidos en secreto, Constantino acudía a un internado suizo a visitar a su prometida.



La relación ya no podía mantenerse en secreto durante mucho más tiempo. En enero de 1963, el periodista danés Allan Moe consiguió fotografiarlos juntos en el teatro. En una de las imágenes, Constantino aparece susurrándole al oído a Ana María, en una escena que parecía confirmar los rumores sobre su relación. La fotografía terminó llegando a la portada de una revista danesa.


Ante la inminencia de que la prensa hiciera público su noviazgo, Constantino decidió adelantarse a los acontecimientos. Acudió al Palacio de Amalienborg para hablar personalmente con el rey Federico IX y comunicarle que quería casarse con su hija.


El propio Constantino recordaría aquel momento como uno de los más importantes y también de los que más nervioso le pusieron. No pretendía casarse inmediatamente —ambos eran todavía muy jóvenes—, sino que quería que el padre de Ana María conociera sus intenciones directamente por él y no a través de la prensa.


Según relató posteriormente, el rey Federico lo recibió en su despacho y, tras escucharle, salió de la habitación dejándolo momentáneamente encerrado. Constantino, desconcertado, descubrió finalmente que se encontraba en el pequeño aseo del despacho. Poco después escuchó la voz de la reina Ingrid preguntando dónde estaba «Tino». Federico abrió la puerta y, con la llegada de la reina, la tensión terminó convirtiéndose en una celebración: Ingrid pidió que trajeran champán.



Aquel no fue todavía un compromiso matrimonial formal con fecha de boda. Las dos familias sabían que los jóvenes eran muy pequeños y que habría que esperar.








De princesa danesa a futura reina de Grecia


Durante 1963, Ana María comenzó a pasar más tiempo en Grecia. La visita de Estado de sus padres, el rey Federico IX y la reina Ingrid de Dinamarca, con motivo de las celebraciones del centenario de la dinastía griega, estrechó todavía más los vínculos entre ambas familias.


Pero los acontecimientos iban a cambiar rápidamente.


El rey Pablo I falleció el 6 de marzo de 1964, después de una enfermedad. Su hijo Constantino, con apenas 23 años, se convirtió en rey de los helenos.


La nueva situación hizo necesario adelantar la boda. Lo que inicialmente estaba previsto para 1965 o 1966 tuvo que celebrarse ese mismo año.









Ana María recordaría posteriormente aquella inesperada transformación de sus planes: «Pensábamos que tendríamos muchos años por delante antes de que mi marido se convirtiera en rey. Pero no fue así».


La boda de una joven Reina



El 18 de septiembre de 1964, Ana María y Constantino contrajeron matrimonio en la Catedral Metropolitana de Atenas.


Ana María tenía 18 años. Había llegado a Grecia como princesa de Dinamarca y aquel día salió del templo como reina de los helenos.




La boda reunió en Atenas a numerosos miembros de las casas reales europeas y se convirtió en uno de los grandes acontecimientos de la Grecia de los años sesenta. Entre los invitados se encontraban miembros de la familia real británica, entre ellos el príncipe Felipe y sus hijos, el príncipe Carlos y la princesa Ana, que participó como dama de honor de Ana María.


La ceremonia, celebrada según el rito de la Iglesia ortodoxa, estuvo rodeada de una extraordinaria solemnidad. Para la joven reina, aquellos momentos tuvieron algo de cuento de hadas.



Tras la boda, los recién casados emprendieron un recorrido por Grecia, visitando distintas regiones, ciudades e islas. Ana María comenzaba así su nueva vida como reina consorte y, al mismo tiempo, profundizaba en el conocimiento del país que acabaría considerando su hogar.


Una joven madre


Desde el comienzo de su matrimonio, Ana María y Constantino quisieron formar una familia numerosa.


El 10 de julio de 1965 nació en Mon Repos, Corfú, su primera hija, la princesa Alexia. El nacimiento de la niña fue recibido con entusiasmo en Grecia y Ana María dedicó gran parte de su tiempo a su cuidado.




La reina mantuvo además una relación especialmente cercana con su cuñada, la princesa Sofía recia, futura reina de España. Ambas compartían su pasión por los niños y una estrecha relación familiar.



En aquellos primeros años como reina, Ana María comenzó también a desarrollar sus propias actividades sociales y benéficas. Heredó de su suegra, la reina Federica, la presidencia del Fondo de Su Majestad, dedicado a distintos proyectos de asistencia social, educación y apoyo a las comunidades rurales griegas.

Pero la tranquilidad duraría poco.


20 de mayo de 1967 nació en Tatoi el príncipe heredero Pablo, en un momento especialmente complejo para la familia real griega. Poco después, el enfrentamiento entre el rey Constantino II y el régimen de los Coroneles se intensificó. Tras el fracaso del contragolpe organizado por el monarca el 10 de diciembre de 1967, la reina Ana María abandonó Grecia junto a su esposo, sus hijos, la reina Federica y la princesa Irene. Sin saberlo entonces, no volvería a pisar suelo griego hasta 1981.



La familia se instaló inicialmente en Roma, donde vivió los primeros años de exilio. Fueron tiempos difíciles para la reina, que sufrió un aborto atribuido al estrés y a la tensión de aquellos acontecimientos. Aun así, también llegaron momentos de felicidad con el nacimiento de su segundo hijo, el príncipe Nicolás, en 1969.






En 1973, la proclamación de la República en Grecia confirmó el fin de la monarquía. Tras diversas dificultades para establecer su residencia, la familia se trasladó definitivamente al Reino Unido en 1974. Primero vivieron en Surrey y posteriormente en Londres, ciudad que sería su hogar durante décadas.


A pesar de los años de exilio, Ana María nunca dejó de considerar Grecia como su verdadera patria. Según relató el rey Constantino en sus memorias, la reina mantuvo siempre la esperanza de regresar y se esforzó para que sus hijos conservaran la lengua, la cultura y las tradiciones griegas.


Una nueva vida en el exilio

En un país desconocido, los reyes de Grecia tuvieron que comenzar una nueva etapa. No fue fácil para quienes habían sido educados en el sentido del deber y habían visto cómo su vida cambiaba de forma repentina. Sin embargo, con esfuerzo, determinación y optimismo lograron adaptarse a su nueva realidad. Años después reconocerían que la juventud les ayudó a afrontar aquellos difíciles momentos, pues todavía tenían toda una vida por delante.



Las adversidades fortalecieron aún más la unión del matrimonio. Como recordaría el rey Constantino II, aquellos acontecimientos no dañaron su relación; al contrario, la hicieron más sólida. «Siempre estuvimos muy unidos, pero aquellas circunstancias nos acercaron todavía más». El monarca destacó en numerosas ocasiones el apoyo incondicional de Ana María, a quien describió como una esposa leal, comprensiva y extraordinariamente generosa.

Decididos a reconstruir su vida, ambos se volcaron en nuevos proyectos. En 1978, Constantino impulsó el desarrollo de la organización educativa Round Square, iniciativa en la que la reina Ana María participó activamente. Con el tiempo, la red llegaría a agrupar a más de un centenar de centros educativos en distintos países.







Dos años después, el matrimonio se involucró de lleno en el Colegio Helénico de Londres, una institución de enseñanza bilingüe destinada a preservar la lengua y la cultura griegas entre las nuevas generaciones. Ana María asumió la presidencia honorífica del centro y participó de forma directa en su actividad diaria. Sus propios hijos estudiaron allí, y la reina dedicó gran parte de su tiempo a la organización de actividades y al desarrollo de la vida escolar.


En 1980, la Reina ana María tuvo problemas de salud, que la hicieron pensar que no volvería a tener hijos, pero en 9 de julio de 1983 vino al mundo su hija la princesa Theodora, y en 1986, el Príncipe Filippos, que llenaron de felicidad  a toda la familia.


En 1981, fallecia repentinamente de un infarto en el Palacio d ela Zarzuela , la Reina Federica, quién tras conversaciones , se llegó aun acuerdo para trasladar, su cuerpo al Palacio de Tatoi en Grecia, se autorizó ala Familia a permanecer un día en Grecia, desde que el sol saliera hasta que se quitara. Tras el funeral la Familia decidió visitar el Palacio de Tatoi, de su propiedad que permanecía con sus bienes, en el interior, a continuación abandonaron suelo griego no volverían hasta 1993









En 1992, el gobierno griego suprimia la ley que impedía entrar a los miembros de la antigua Familia real en suelo patrio, la familia regresaba a Tatoi. Pero la subida al poder en 1994 del Partido socialista griego y las izquierdas griegas llevaron ala aprobación de una ley de dudosa constitucionalidad que retiraba la nacionalidad y la spropiedades ala Familia y que acabo en los Tribunales de justicia, respecto de la propiedad.

En 1993 regresaron en un crucero a Grecia.



La Ley Venizelos y la batalla judicial

La tranquilidad de la familia real duró poco. Aunque en 1992 se había alcanzado un acuerdo con el Gobierno griego, en 1994 el Ejecutivo socialista de Andreas Papandreu aprobó la conocida como Ley Venizelos, impulsada por el ministro Evangelos Venizelos. La norma confiscó las propiedades de la familia real en Grecia y les privó de la nacionalidad griega, en una decisión que la familia consideró profundamente injusta y ofensiva.


La reina acompañó a su esposo durante todo el proceso judicial, que culminó ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. La sentencia reconoció que el Estado griego había vulnerado el derecho de propiedad de la familia real y el derecho al honor del rey Constantino II.

Sin embargo, el Gobierno griego optó por no devolver las propiedades y aceptó pagar una indemnización superior a 13,5 millones de euros. Ni Constantino ni Ana María quedaron satisfechos con la resolución, pues consideraban que la única reparación justa habría sido la restitución de sus bienes.



Con la indemnización recibida se creó la Fundación Ana María, dedicada a financiar proyectos humanitarios y de ayuda en Grecia, especialmente en situaciones de catástrofes naturales, reconstrucción de infraestructuras y apoyo a servicios públicos.


No pudieron recuperar la nacionalidad griega, portando un pasaporte de apatridas la familia otorgada por el estado danés, excepto a ella, quién le fue otorgado su antigua nacionalidad, que mantiene hasta nuestros días.

Hijos y nietos

Los años siguientes estuvieron marcados por importantes acontecimientos familiares. En 1995 contrajeron matrimonio el príncipe heredero Pablo y Marie-Chantal Miller, y un año después nació su primera nieta, María Olympia.
















Posteriormente llegarían otros nietos, entre ellos Constantino (1998), Arrietta (2002), Ana María (2003), Odysseas Kimon (2004), Carlos (2005), Amelia (2007) y Aristides Stavros (2008).

En 1999 se celebró la boda de su hija Alexia con Carlos Morales en Londres, mientras que en 2010 su hijo Nicolás contrajo matrimonio con Tatiana Blatnik en la isla griega de Spetses, una celebración especialmente emotiva para los reyes.

En 2021 se casaba su hijo Filippos en Atenas y en 2024 su hija Theodora, por último su hijo N, se divorciaba y volvía a contraer matrimonio en 2025, con Chrysi Vardinogiannis.

Sin embargo , en el año  2000 estuvo marcado por la pérdida de la reina Ingrid de Dinamarca, madre de Ana María. Laa Reina Ana María adoraba a su madre.






El regreso a Grecia

Tras décadas de exilio, Ana María y Constantino comenzaron a pasar largas temporadas en Grecia a partir de 2002. Poco a poco surgió la idea de establecerse definitivamente en el país.

En 2013 se trasladaron de forma permanente a Porto Heli, vendiendo su residencia londinense. Para Ana María, Grecia siempre había sido su verdadero hogar.






Un año después celebraron en Atenas sus bodas de oro, rodeados de familiares y amigos.



Pero el 10 de enero de 2023, su vida dió un cambio profundo, la pobre salud de su marido que arrastraba desde hacía años, acabó desembocando en un fallo multiorgánico falleciendo, tras estar ingresado varios días en un hospital ateniense.






Un año antes el monarca griego sabía que su fin se acercaba, y decidió trasladarse a Atenas, para que su último deseo se cumpliera, morir allí donde nació. Su fiel esposa lo acompañó, y cuidó hasta el final dando cumplimiento a su última voluntad ser enterrado en el cementerio de Tatoi. 


Ana María perdía a su amado esposo, a su media naranja y su tristeza fue palpable en las imagenes.





Su vida actual

La Reina sigue viviendo en el mismo lugar donde vivió con su marido en Atenas, vive sola.

Muy unida a sus hijos y nietos, se siente especialmente orgullosa de haber transmitido a su familia la lengua y la cultura griegas. Aunque nació en Dinamarca, siempre ha afirmado sentirse plenamente griega.

Como declaró en una entrevista:

«Nací en Dinamarca, pero soy griega desde los 18 años. Grecia es mi hogar y el lugar donde siempre soñé vivir».

sigue apoyando causas solidarias, y es el único miembro de la familia real griega, que no a aceptado el contenido de la Ley Venizelos, sus hijos y nietos lo adquirieron en 2024, tras jurar el contenido de aquella ley, sin embargo ella ha preferido mantener sus valores monárquicos intactos, aunque ello suponga morir con pasaporte danés. 






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