sábado, 29 de agosto de 2026

80.º CUMPLEAÑOS DE LA REINA ANA MARÍA DE GRECIA . Biografía de una princesa danesa que se convirtió en reina de los helenos

 


La reina Ana María de Grecia, nacida princesa de Dinamarca, cumple 80 años el 30 de agosto de 2026. Nacida en el Palacio de Amalienborg, en Copenhague, en 1946, es la hija menor del rey Federico IX de Dinamarca y de la reina Ingrid, princesa de Suecia.


Hermana de la reina Margarita II y de la princesa Benedicta, Ana María pertenece a una de las familias reales europeas más estrechamente relacionadas. Su matrimonio con el rey Constantino II de Grecia la convirtió, con apenas 18 años, en reina de los helenos.

Su vida ha estado marcada por el exilio, la maternidad, el servicio a su familia, el compromiso humanitario y, sobre todo, por su permanente vínculo con Grecia, país al que siempre ha considerado su hogar.




Una infancia en la familia real danesa


Ana María nació el 30 de agosto de 1946 en el Palacio de Amalienborg. Fue bautizada el 10 de octubre de ese mismo año en la iglesia de Holmens y recibió una educación propia de una princesa de la época.

Pasó buena parte de su infancia entre las residencias reales danesas de Amalienborg, Fredensborg y Gråsten. Como hija menor de Federico IX e Ingrid, sus obligaciones oficiales fueron inicialmente más reducidas que las de su hermana mayor, Margarita, destinada a convertirse en heredera del trono.



Creció, además, muy unida a sus dos hermanas. Las tres mantuvieron a lo largo de sus vidas una relación especialmente estrecha.

Su educación se desarrolló en Dinamarca y en distintos centros educativos del extranjero. Entre las instituciones en las que estudió estuvieron la escuela Zahle y varios internados suizos, donde perfeccionó idiomas. Además del danés, aprendió inglés y francés y, posteriormente, dedicó grandes esfuerzos al aprendizaje del griego.

La historia y la música estuvieron entre sus grandes aficiones. De su padre, el rey Federico IX, heredó el amor por la música clásica; de su madre, Ingrid, el interés por el ballet. También ha sido siempre una gran lectora, especialmente de biografías y de historia.




Un hecho relevante de su infancia, contado por su hermana la Reina margarita II con motivo de sus 50 años de reinado, referente a su hermana. 


A la edad de dos años, fue víctima de un accidente de tráfico, su madre conducía el coche, se despisto y choco contra un árbol, las consecuencias, fueron que su hija Ana María se rompió la barbilla, según Margarita durante la infancia su hermana, tuvo un defecto facial, ésto es una parálisis, que hacia que tuviera siempre que posar del mismo perfil, algo que se resolvió a medida que fue creciendo, convirtiéndose en la más guapa de las hermanas


El comienzo de una historia de amor



En 1961, el príncipe heredero Constantino de Grecia se encontraba en Atenas cuando cayó en sus manos una revista de sociedad cuya portada estaba protagonizada por una joven princesa danesa. Era Ana María, la hija menor de los reyes Federico IX e Ingrid de Dinamarca.




En poco tiempo, la princesa había dejado atrás su aspecto infantil. Había crecido notablemente y se había convertido en una joven de gran estatura, cabello rubio y unos llamativos ojos verde claro. La prensa escandinava comenzaba a dedicarle una especial atención y algunos medios llegaron a presentarla como una auténtica «princesa de cuento».

Constantino quedó impresionado al verla en aquella portada. Según recordaría años después, quedó prendado de la fotografía y llegó a comentar a su padre, el rey Pablo I, que quería conocer a aquella princesa.


La reacción del monarca fue de sorpresa. Al parecer, no podía comprender que su hijo hubiera decidido que quería conocer a una muchacha simplemente después de verla en una revista. Su respuesta, según recordaría posteriormente Constantino, fue tajante: «¡Estás loco!».

Pero la advertencia de su padre no hizo cambiar de opinión al príncipe. Constantino quería conocer a Ana María y decidió buscar la manera de encontrarse con ella.



Una visita con una excusa


La oportunidad surgió gracias a su pasión por la vela. Constantino había formado parte del equipo griego que consiguió la medalla de oro en la clase Dragón en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960 y mantenía buenas relaciones con varios regatistas daneses.


Con aquella excusa, ideó una visita a Dinamarca. Le comunicó al rey Federico IX que tenía previsto reunirse con varios regatistas, entre ellos el danés Paul Elvstrøm, para tratar asuntos relacionados con la vela y preparar una futura conferencia.


El rey Federico lo invitó a alojarse en el Palacio de Amalienborg.


Constantino también contó con la complicidad de sus compañeros de equipo Georgios Zaimis y Odysseus Eskidioglou. Si alguien preguntaba por aquella supuesta reunión de trabajo, ellos debían confirmar la historia.


La verdadera razón del viaje era mucho más sencilla: Constantino quería volver a ver a Ana María.


La joven princesa, sin embargo, desconocía por completo las intenciones de su visitante.

Años después, en una entrevista concedida al medio danés Billed Bladet, Ana María recordaría aquel primer encuentro con mucha naturalidad. Explicó que, aunque se encontró con Constantino, por su parte todavía no existían sentimientos románticos.

«Recuerdo que me encontré con él, pero no había por mi parte sentimientos o algo similar», explicó.


Para Constantino, en cambio, aquel encuentro tuvo un significado muy diferente. Él ya tenía claro que Ana María era la mujer que quería conocer y, después de aquella primera reunión, comenzaron una relación que inicialmente se desarrolló a través de cartas y llamadas telefónicas, sin importancia según Ana María, lo veía como primo.


De las cartas al enamoramiento


Durante los meses siguientes, la relación fue creciendo poco a poco.

Constantino estaba cada vez más interesado en la joven princesa, mientras que Ana María comenzó a descubrir que detrás del príncipe heredero había algo más que un simple amigo de la familia.


El siguiente gran encuentro tendría lugar en 1962,  Atenas, durante las celebraciones de la boda de la hermana mayor de Constantino, la princesa Sofía de Grecia y Dinamarca, con el entonces príncipe Juan Carlos de España.




El 14 de mayo de 1962, Sofía y Juan Carlos contrajeron matrimonio en Atenas en dos ceremonias, una católica y otra ortodoxa. Ana María había sido elegida como una de las damas de honor, junto a su hermana, la princesa Benedicta.



Aquellos días cambiaron la relación entre los dos jóvenes.


Ana María, que hasta entonces había considerado las cartas de Constantino como un inocente tonteo, comenzó a sentir una verdadera atracción por él. En la entrevista concedida décadas después a Billed Bladet, reconoció que fue precisamente durante aquellas celebraciones cuando sus sentimientos cambiaron.


Tenía entonces 15 años.


Constantino y Ana María estuvieron juntos durante buena parte de los actos y las celebraciones. Para el joven príncipe, la relación ya era mucho más que una amistad. Para Ana María comenzaba a convertirse también en algo serio.




Un compromiso secreto en Noruega


Durante el verano de 1962, Constantino viajó a Noruega con motivo de una competición internacional de vela. Allí tuvo lugar uno de los momentos más importantes de su historia de amor.




Según relató posteriormente el propio Constantino, durante una celebración organizada cerca de un bosque, ambos decidieron alejarse unos momentos del resto de los invitados y caminaron juntos. Su amigo el Príncipe Harald, fue quién le ayudo a preparar éste encuentro. 


Fue entonces cuando el príncipe le pidió a Ana María que se casara con él.


La propuesta fue completamente improvisada. Constantino recordaría incluso, con humor, que ni siquiera llevaba un anillo de compromiso. En lugar de una proposición tradicional, comenzó a hablarle de su futuro juntos y de todo lo que encontraría cuando fuera a vivir a Grecia.

Ana María dijo que sí.


Pero había un problema: ambos eran todavía muy jóvenes. Ella apenas tenía 15 años y sabían que sus padres debían conocer la noticia antes de que el compromiso se hiciera público.

Por eso decidieron mantenerlo en secreto.




Durante un tiempo, su noviazgo y su compromiso pertenecieron únicamente a ellos y a su círculo más íntimo. Constantino viajaba siempre que podía para verla y la relación continuó creciendo mientras Ana María proseguía con sus estudios.


Habían comenzado como dos jóvenes pertenecientes a familias reales que apenas se conocían. En poco más de un año, sin embargo, habían pasado de una fotografía en una revista a una historia de amor que terminaría conduciéndolos al altar.


Todavía no podían imaginar que, apenas dos años después, aquella joven princesa danesa se convertiría en reina de Grecia


EL COMPROMISO PUBLICO:


En 1962, ya comprometidos en secreto, Constantino acudía a un internado suizo a visitar a su prometida.



La relación ya no podía mantenerse en secreto durante mucho más tiempo. En enero de 1963, el periodista danés Allan Moe consiguió fotografiarlos juntos en el teatro. En una de las imágenes, Constantino aparece susurrándole al oído a Ana María, en una escena que parecía confirmar los rumores sobre su relación. La fotografía terminó llegando a la portada de una revista danesa.


Ante la inminencia de que la prensa hiciera público su noviazgo, Constantino decidió adelantarse a los acontecimientos. Acudió al Palacio de Amalienborg para hablar personalmente con el rey Federico IX y comunicarle que quería casarse con su hija.


El propio Constantino recordaría aquel momento como uno de los más importantes y también de los que más nervioso le pusieron. No pretendía casarse inmediatamente —ambos eran todavía muy jóvenes—, sino que quería que el padre de Ana María conociera sus intenciones directamente por él y no a través de la prensa.


Según relató posteriormente, el rey Federico lo recibió en su despacho y, tras escucharle, salió de la habitación dejándolo momentáneamente encerrado. Constantino, desconcertado, descubrió finalmente que se encontraba en el pequeño aseo del despacho. Poco después escuchó la voz de la reina Ingrid preguntando dónde estaba «Tino». Federico abrió la puerta y, con la llegada de la reina, la tensión terminó convirtiéndose en una celebración: Ingrid pidió que trajeran champán.



Aquel no fue todavía un compromiso matrimonial formal con fecha de boda. Las dos familias sabían que los jóvenes eran muy pequeños y que habría que esperar.








De princesa danesa a futura reina de Grecia


Durante 1963, Ana María comenzó a pasar más tiempo en Grecia. La visita de Estado de sus padres, el rey Federico IX y la reina Ingrid de Dinamarca, con motivo de las celebraciones del centenario de la dinastía griega, estrechó todavía más los vínculos entre ambas familias.


Pero los acontecimientos iban a cambiar rápidamente.


El rey Pablo I falleció el 6 de marzo de 1964, después de una enfermedad. Su hijo Constantino, con apenas 23 años, se convirtió en rey de los helenos.


La nueva situación hizo necesario adelantar la boda. Lo que inicialmente estaba previsto para 1965 o 1966 tuvo que celebrarse ese mismo año.









Ana María recordaría posteriormente aquella inesperada transformación de sus planes: «Pensábamos que tendríamos muchos años por delante antes de que mi marido se convirtiera en rey. Pero no fue así».


La boda de una joven Reina



El 18 de septiembre de 1964, Ana María y Constantino contrajeron matrimonio en la Catedral Metropolitana de Atenas.


Ana María tenía 18 años. Había llegado a Grecia como princesa de Dinamarca y aquel día salió del templo como reina de los helenos.




La boda reunió en Atenas a numerosos miembros de las casas reales europeas y se convirtió en uno de los grandes acontecimientos de la Grecia de los años sesenta. Entre los invitados se encontraban miembros de la familia real británica, entre ellos el príncipe Felipe y sus hijos, el príncipe Carlos y la princesa Ana, que participó como dama de honor de Ana María.


La ceremonia, celebrada según el rito de la Iglesia ortodoxa, estuvo rodeada de una extraordinaria solemnidad. Para la joven reina, aquellos momentos tuvieron algo de cuento de hadas.



Tras la boda, los recién casados emprendieron un recorrido por Grecia, visitando distintas regiones, ciudades e islas. Ana María comenzaba así su nueva vida como reina consorte y, al mismo tiempo, profundizaba en el conocimiento del país que acabaría considerando su hogar.


Una joven madre


Desde el comienzo de su matrimonio, Ana María y Constantino quisieron formar una familia numerosa.


El 10 de julio de 1965 nació en Mon Repos, Corfú, su primera hija, la princesa Alexia. El nacimiento de la niña fue recibido con entusiasmo en Grecia y Ana María dedicó gran parte de su tiempo a su cuidado.




La reina mantuvo además una relación especialmente cercana con su cuñada, la princesa Sofía recia, futura reina de España. Ambas compartían su pasión por los niños y una estrecha relación familiar.



En aquellos primeros años como reina, Ana María comenzó también a desarrollar sus propias actividades sociales y benéficas. Heredó de su suegra, la reina Federica, la presidencia del Fondo de Su Majestad, dedicado a distintos proyectos de asistencia social, educación y apoyo a las comunidades rurales griegas.

Pero la tranquilidad duraría poco.


20 de mayo de 1967 nació en Tatoi el príncipe heredero Pablo, en un momento especialmente complejo para la familia real griega. Poco después, el enfrentamiento entre el rey Constantino II y el régimen de los Coroneles se intensificó. Tras el fracaso del contragolpe organizado por el monarca el 10 de diciembre de 1967, la reina Ana María abandonó Grecia junto a su esposo, sus hijos, la reina Federica y la princesa Irene. Sin saberlo entonces, no volvería a pisar suelo griego hasta 1981.



La familia se instaló inicialmente en Roma, donde vivió los primeros años de exilio. Fueron tiempos difíciles para la reina, que sufrió un aborto atribuido al estrés y a la tensión de aquellos acontecimientos. Aun así, también llegaron momentos de felicidad con el nacimiento de su segundo hijo, el príncipe Nicolás, en 1969.






En 1973, la proclamación de la República en Grecia confirmó el fin de la monarquía. Tras diversas dificultades para establecer su residencia, la familia se trasladó definitivamente al Reino Unido en 1974. Primero vivieron en Surrey y posteriormente en Londres, ciudad que sería su hogar durante décadas.


A pesar de los años de exilio, Ana María nunca dejó de considerar Grecia como su verdadera patria. Según relató el rey Constantino en sus memorias, la reina mantuvo siempre la esperanza de regresar y se esforzó para que sus hijos conservaran la lengua, la cultura y las tradiciones griegas.


Una nueva vida en el exilio

En un país desconocido, los reyes de Grecia tuvieron que comenzar una nueva etapa. No fue fácil para quienes habían sido educados en el sentido del deber y habían visto cómo su vida cambiaba de forma repentina. Sin embargo, con esfuerzo, determinación y optimismo lograron adaptarse a su nueva realidad. Años después reconocerían que la juventud les ayudó a afrontar aquellos difíciles momentos, pues todavía tenían toda una vida por delante.



Las adversidades fortalecieron aún más la unión del matrimonio. Como recordaría el rey Constantino II, aquellos acontecimientos no dañaron su relación; al contrario, la hicieron más sólida. «Siempre estuvimos muy unidos, pero aquellas circunstancias nos acercaron todavía más». El monarca destacó en numerosas ocasiones el apoyo incondicional de Ana María, a quien describió como una esposa leal, comprensiva y extraordinariamente generosa.

Decididos a reconstruir su vida, ambos se volcaron en nuevos proyectos. En 1978, Constantino impulsó el desarrollo de la organización educativa Round Square, iniciativa en la que la reina Ana María participó activamente. Con el tiempo, la red llegaría a agrupar a más de un centenar de centros educativos en distintos países.







Dos años después, el matrimonio se involucró de lleno en el Colegio Helénico de Londres, una institución de enseñanza bilingüe destinada a preservar la lengua y la cultura griegas entre las nuevas generaciones. Ana María asumió la presidencia honorífica del centro y participó de forma directa en su actividad diaria. Sus propios hijos estudiaron allí, y la reina dedicó gran parte de su tiempo a la organización de actividades y al desarrollo de la vida escolar.


En 1980, la Reina ana María tuvo problemas de salud, que la hicieron pensar que no volvería a tener hijos, pero en 9 de julio de 1983 vino al mundo su hija la princesa Theodora, y en 1986, el Príncipe Filippos, que llenaron de felicidad  a toda la familia.


En 1981, fallecia repentinamente de un infarto en el Palacio d ela Zarzuela , la Reina Federica, quién tras conversaciones , se llegó aun acuerdo para trasladar, su cuerpo al Palacio de Tatoi en Grecia, se autorizó ala Familia a permanecer un día en Grecia, desde que el sol saliera hasta que se quitara. Tras el funeral la Familia decidió visitar el Palacio de Tatoi, de su propiedad que permanecía con sus bienes, en el interior, a continuación abandonaron suelo griego no volverían hasta 1993









En 1992, el gobierno griego suprimia la ley que impedía entrar a los miembros de la antigua Familia real en suelo patrio, la familia regresaba a Tatoi. Pero la subida al poder en 1994 del Partido socialista griego y las izquierdas griegas llevaron ala aprobación de una ley de dudosa constitucionalidad que retiraba la nacionalidad y la spropiedades ala Familia y que acabo en los Tribunales de justicia, respecto de la propiedad.

En 1993 regresaron en un crucero a Grecia.



La Ley Venizelos y la batalla judicial

La tranquilidad de la familia real duró poco. Aunque en 1992 se había alcanzado un acuerdo con el Gobierno griego, en 1994 el Ejecutivo socialista de Andreas Papandreu aprobó la conocida como Ley Venizelos, impulsada por el ministro Evangelos Venizelos. La norma confiscó las propiedades de la familia real en Grecia y les privó de la nacionalidad griega, en una decisión que la familia consideró profundamente injusta y ofensiva.


La reina acompañó a su esposo durante todo el proceso judicial, que culminó ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. La sentencia reconoció que el Estado griego había vulnerado el derecho de propiedad de la familia real y el derecho al honor del rey Constantino II.

Sin embargo, el Gobierno griego optó por no devolver las propiedades y aceptó pagar una indemnización superior a 13,5 millones de euros. Ni Constantino ni Ana María quedaron satisfechos con la resolución, pues consideraban que la única reparación justa habría sido la restitución de sus bienes.



Con la indemnización recibida se creó la Fundación Ana María, dedicada a financiar proyectos humanitarios y de ayuda en Grecia, especialmente en situaciones de catástrofes naturales, reconstrucción de infraestructuras y apoyo a servicios públicos.


No pudieron recuperar la nacionalidad griega, portando un pasaporte de apatridas la familia otorgada por el estado danés, excepto a ella, quién le fue otorgado su antigua nacionalidad, que mantiene hasta nuestros días.

Hijos y nietos

Los años siguientes estuvieron marcados por importantes acontecimientos familiares. En 1995 contrajeron matrimonio el príncipe heredero Pablo y Marie-Chantal Miller, y un año después nació su primera nieta, María Olympia.
















Posteriormente llegarían otros nietos, entre ellos Constantino (1998), Arrietta (2002), Ana María (2003), Odysseas Kimon (2004), Carlos (2005), Amelia (2007) y Aristides Stavros (2008).

En 1999 se celebró la boda de su hija Alexia con Carlos Morales en Londres, mientras que en 2010 su hijo Nicolás contrajo matrimonio con Tatiana Blatnik en la isla griega de Spetses, una celebración especialmente emotiva para los reyes.

En 2021 se casaba su hijo Filippos en Atenas y en 2024 su hija Theodora, por último su hijo N, se divorciaba y volvía a contraer matrimonio en 2025, con Chrysi Vardinogiannis.

Sin embargo , en el año  2000 estuvo marcado por la pérdida de la reina Ingrid de Dinamarca, madre de Ana María. Laa Reina Ana María adoraba a su madre.






El regreso a Grecia

Tras décadas de exilio, Ana María y Constantino comenzaron a pasar largas temporadas en Grecia a partir de 2002. Poco a poco surgió la idea de establecerse definitivamente en el país.

En 2013 se trasladaron de forma permanente a Porto Heli, vendiendo su residencia londinense. Para Ana María, Grecia siempre había sido su verdadero hogar.






Un año después celebraron en Atenas sus bodas de oro, rodeados de familiares y amigos.



Pero el 10 de enero de 2023, su vida dió un cambio profundo, la pobre salud de su marido que arrastraba desde hacía años, acabó desembocando en un fallo multiorgánico falleciendo, tras estar ingresado varios días en un hospital ateniense.






Un año antes el monarca griego sabía que su fin se acercaba, y decidió trasladarse a Atenas, para que su último deseo se cumpliera, morir allí donde nació. Su fiel esposa lo acompañó, y cuidó hasta el final dando cumplimiento a su última voluntad ser enterrado en el cementerio de Tatoi. 


Ana María perdía a su amado esposo, a su media naranja y su tristeza fue palpable en las imagenes.





Su vida actual

La Reina sigue viviendo en el mismo lugar donde vivió con su marido en Atenas, vive sola.

Muy unida a sus hijos y nietos, se siente especialmente orgullosa de haber transmitido a su familia la lengua y la cultura griegas. Aunque nació en Dinamarca, siempre ha afirmado sentirse plenamente griega.

Como declaró en una entrevista:

«Nací en Dinamarca, pero soy griega desde los 18 años. Grecia es mi hogar y el lugar donde siempre soñé vivir».

sigue apoyando causas solidarias, y es el único miembro de la familia real griega, que no a aceptado el contenido de la Ley Venizelos, sus hijos y nietos lo adquirieron en 2024, tras jurar el contenido de aquella ley, sin embargo ella ha preferido mantener sus valores monárquicos intactos, aunque ello suponga morir con pasaporte danés. 






LA REINA ANA MARIA CUMPLE 80 AÑOS EN LA MAS ESTRICTA INTIMIDAD

 

Mañana cumple 80 años la reina Ana María de Grecia. Sin embargo, no está prevista ninguna celebración pública. La reina Ana María nunca ha sido partidaria de celebrar sus cumpleaños a lo grande. De hecho, siempre ha recordado que no le gusta cumplir años y que se ve obligada a aceptar las felicitaciones porque, al haber nacido princesa y haber tenido un nacimiento público, no puede esconder la fecha de su cumpleaños.




Sus celebraciones han sido siempre en la intimidad y rodeada de su familia. En algunas ocasiones, su hermana, la reina Margarita de Dinamarca, ha puesto ese toque de celebración que ha trascendido públicamente, pero siempre dentro de la más estricta intimidad y acompañada por sus dos hermanas.

Desde la muerte del rey Constantino, la reina Ana María se ha alejado considerablemente de la vida pública. Una muestra de ello es que, este año, todo parece indicar que no ha concedido ninguna entrevista con motivo de su 80 cumpleaños.

Siempre ha sido costumbre que, en sus cumpleaños más relevantes, Ana María concediera alguna entrevista a la prensa danesa. No han faltado los posados, las conversaciones con periodistas y los reportajes especiales. Sin embargo, la prensa danesa no ha publicado nada esta semana y tampoco lo ha hecho la prensa griega, lo que lleva a pensar que, por primera vez, podría no haber una entrevista con motivo de su cumpleaños.

Tampoco sabemos dónde podría reunirse con su familia, si finalmente hay algún encuentro. Esta semana, sin embargo, hemos descubierto, gracias al perfil de un amigo, que su nieto Constantino se encontraba de paso en la isla de Spetses. Allí visitó, acompañado por unos amigos, la iglesia de San Nicolás, donde un gran amigo de su abuelo, el padre Gregorios Nanakoudis, le enseñó la iglesia y el museo. Además, ambos rindieron homenaje al rey Constantino rezando una oración en el templo.

Fotos del Padre Gregorios Nanakoudis


Quién sabe si será precisamente en Spetses o en las proximidades de Porto Heli donde pueda celebrarse algún encuentro familiar íntimo con motivo de los 80 años de la reina Ana María.

Aunque la prensa española ha hablado de que la reina Sofía y sus hijas podrían desplazarse a Grecia para acompañarla en esta fecha tan especial, esta información tampoco ha sido confirmada. Además, la reina Sofía no lleva bien las altas temperaturas y, como se ha podido comprobar este año, apenas ha salido a pasear por las calles de Mallorca debido al calor. Por ello, parece poco probable que se produzca ese desplazamiento, al menos por el momento.

Habrá que esperar para saber cómo celebrará finalmente la reina Ana María sus 80 años. Por ahora, todo apunta a que, fiel a su carácter discreto, no parece haber ninguna gran celebración prevista y que, si existe algún encuentro familiar, será en la más estricta intimidad.




viernes, 28 de agosto de 2026

HOY FALLECIO EL REY HARALD DE NORUEGA QUIEN MANTENIA UNA RELACION DE AMISTAD Y FAMILIAR CON LA FAMILIA REAL GRIEGA


Hoy ha fallecido el Rey Harald, a la edad de 89 años. Accedió al trono en 1991 y ha fallecido mientras aún ejercía sus funciones como monarca.




Con su muerte desaparece también una de las figuras que durante décadas mantuvieron una estrecha relación de amistad y afecto con la Familia Real griega, y muy especialmente con el Rey Constantino. Ambos compartieron una amistad que comenzó en su juventud y que se prolongó durante más de seis décadas, unida por los vínculos familiares, el deporte y, sobre todo, por una profunda pasión por la vela y el espíritu olímpico.

UNA AMISTAD QUE SE REMONTA A LOS AÑOS CINCUENTA DEL PASADO SIGLO

La relación entre ambas Casas Reales se remonta a la década de 1950 y se vio fortalecida por las buenas relaciones entre ambos Estados, así como por sus intereses comunes.

En 1954, el príncipe Harald participó en el crucero Agamenón, organizado con el propósito de promocionar los cruceros por las islas griegas. Aquel viaje tuvo una gran repercusión y contribuyó a impulsar una importante fuente de ingresos para el Estado griego. El crucero fue un gran éxito y constituyó una de las mejores campañas de promoción turística de la historia de Grecia.

Pero el viaje tuvo también otra consecuencia de gran importancia: contribuyó a estrechar los lazos entre las distintas Casas Reales europeas después de la Segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, comenzaron a celebrarse cada año fiestas, bailes y encuentros de la realeza en distintos países europeos.

Aquellos encuentros permitían que los jóvenes miembros de las familias reales se conocieran y entablaran amistad y, en algunos casos, incluso relaciones sentimentales que terminarían en matrimonio.

En 1959, el Rey Olav invitó a los reyes de Grecia y a sus hijos a su residencia privada en Noruega. De aquel encuentro surgieron un rumor y una gran amistad.

La Familia Real Griega invitada por el Rey Olav a su residencia privada en Noruega, 1959. 


El rumor apuntaba a que la Princesa Sofía podía ser una buena candidata para convertirse en esposa del príncipe heredero de Noruega. Sin embargo, como posteriormente recordaría la propia Reina Sofía, Harald no llegó a atraer la y nunca hubo entre ambos más que un rumor.

Lo que sí nació de aquel encuentro fue una estrecha amistad entre Harald y el entonces príncipe Constantino. A partir de ese momento, ambos se convirtieron en grandes amigos y comenzaron a compartir numerosos momentos dentro de la intensa vida social de las familias reales europeas.

Harald y Constantino acudían juntos a bailes y encuentros de la realeza europea, en ocasiones acompañados por las hermanas del entonces príncipe heredero Carlos Gustavo de Suecia. Harald también pasó temporadas de verano en Grecia junto a la Familia Real griega.

1961 el Rey Harald y el Rey constantino en Grecia, el Rey llegaba para pasar unas vacaciones en Grecia.


Ambos compartían, además, una de sus grandes pasiones: la vela

El deporte y el espíritu olímpico fueron otros de los grandes vínculos que contribuyeron a consolidar una amistad que se mantendría durante décadas.

UN CONFIDENTE

En 1962, el príncipe heredero de Grecia se enamoró profundamente de la jovencísima princesa Ana María , hija del Rey Federico de Dinamarca. Ana María era prima del Príncipe Harald, ya que el primer rey de Noruega, Haakon VII, había nacido príncipe de Dinamarca.

 El príncipe Harald se convirtió en el gran confidente de Constantino, así, , en 1962,  Constantino decidió compartir con su mejor amigo el secreto de su amor por la princesa Ana María, necesitaba reunirse de nuevo con ella. Aquel verano de 1962 se celebró en Noruega una competición de vela. 

Foto sobre 1962, el Príncipe Heredero Constantino, el Príncipe Heredero Harald, el Príncipe Juan Carlos, la Princesa Sofia, quién ya estaba comprometida, y la princesa Irene que era el nuevo rumor con Harald



Fue Harald quien se encargó de invitar a sus primas danesas para que coincidieran con el príncipe heredero de Grecia. También fue él quien preparó las circunstancias para que los dos jóvenes pudieran disfrutar de un paseo por un bosque cercano al palacio.

En un lugar especialmente elegido de aquel bosque, Constantino pidió a Ana María que se casara con él o como ella dijo en una entrevista, le dijo si quería irse con él a Grecia.

1961, el Príncipe Harald su prima la princesa Ana María de dinamarca, el Príncipe Constantino y la Princesa Irene


Competición de vela en el mar de Noruega, dodne se puede ver al Príncipe Constantino y la princesa ana María de Dinamarca.



Dos años después, en 1964, Constantino y Ana María contrajeron matrimonio. Y, como no podía ser de otra manera, su gran amigo, el príncipe Harald, estuvo presente como padrino de boda.

El rey Harald padrino de matrimonio del Rey Constantino


La amistad entre ambos se mantuvo intacta a lo largo de las décadas. Incluso durante los años de exilio de los reyes de Grecia, la Casa Real noruega continuó invitándolos a los acontecimientos celebrados en Noruega y, del mismo modo, los reyes de Grecia recibieron en numerosas ocasiones la invitación personal de Harald para visitar su residencia.

Además de su amistad, ambos compartieron durante años otra de sus grandes pasiones: la vela. Harald y Constantino llegaron a compartir la presidencia honorífica de la Federación Internacional de Vela, un ámbito en el que ambos encontraron otra forma de mantener vivo aquel vínculo que había comenzado en su juventud.










UNA AMISTAD QUE PASÓ A LAS SIGUIENTES GENERACIONES

La estrecha relación entre las dos familias reales se extendió también a las siguientes generaciones.

En 2020, con motivo del 80.º cumpleaños del rey Constantino, pudimos comprobarlo, la princesa Marta Luisa de Noruega quiso felicitar públicamente al Rey Constantino y lo hizo con un cariñoso mensaje en un publicación del príncipe Pavlos que decía: «....Feliz cumpleaños, tío Tino». Un sencillo gesto que reflejaba la profunda relación de afecto que existía entre Constantino y los hijos de Harald.

El príncipe Pablo de Grecia, además de mantener una estrecha amistad con el entonces príncipe heredero Haakon, hoy rey de Noruega, es padrino de bautizo de su hijo y de su matrimonio.

La Familia Real noruega tampoco podía faltar al funeral del rey Constantino, celebrado en Grecia en 2023. Los entonces príncipes Haakon y Mette-Marit, hoy reyes de Noruega, y la princesa Marta Luisa acudieron a despedir a quien había sido durante décadas un querido amigo,  y miembro de la familia, "tío Tino".

Hoy, con el fallecimiento del rey Harald, desaparece también una de las últimas figuras que mantenían vivo aquel vínculo personal entre dos Casas Reales unidas por la amistad, el deporte y varias generaciones de lazos familiares.

Una amistad que nació en la juventud, que se fortaleció entre regatas, viajes y encuentros de la realeza europea, y que terminó convirtiéndose en un auténtico vínculo familiar.

Descanse en paz, Su Majestad el rey Harald.